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19 / 12 / 2013

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  Hemos acogido el nuevo invento con una alegría irresponsable porque las ventajas y las posibilidades que trae son inmensas, increíbles. ¿Pero no deberíamos ser más precavidos, estar en guardia siempre contra los peligros que entraña?

  Gracias a internet los que velan por nuestra seguridad y por sus cuentas corrientes, las grandes multinacionales y los grandes organismos, pueden conseguir nuestra sumisión, no ya como señalaba Hobbes por medio del temor y el castigo, sino por medio de la promesa de mayores libertades. 

  Con internet, además, el sueño de la democracia total se va haciendo realidad, para alegría de muchos y temor de unos pocos. Todo el mundo tiene acceso a la información, a la expresión libre y a el entretenimiento. No hay límites ni jerarquías. No hay autoridad. No hay fronteras. Apenas hay leyes. Pero, como vienen a demostrar los casos de Snowden o de wikileaks, todo este festín de la igualdad y la libertad tiene una contrapartida: nuestra vida y todo lo que decimos, incluso sin saber lo que decimos, puede pasar a ser propiedad del Gran Hermano de Orwell.

  Google, watsapp o facebook, que estoy utilizando ahora mismo, son un ejemplo de lo que digo. A cambio de la comunicación universal y la información gratuita les entrego voluntariamente toda mi intimidad, mis secretos y mis deseos más ocultos cuando los utilizo para asomarme a tal página o cuando compro esto o aquello. De ese modo, sin darme cuenta, me incorporan a una base de datos descomunal que me convierte en alguien con una alta probabilidad de ser manipulado según sus intereses, y cada vez más dependiente de la técnica que ellos controlan.

  ¿Sabemos, en realidad, lo que hacemos cuando nos conectamos, cuando tecleamos nuestra vida en un correo electrónico, cuando introducimos nuestros datos en cualquier página web? ¿Somos conscientes del poder que estamos entregando -no sabemos a quiénes- cuando elegimos internet como guardián de nuestra memoria personal y colectiva? ¿Somos conscientes de todo aquello que abandonamos cuando en los colegios e institutos proponemos internet como principal medio de información, de expresión, de conocimiento?¿Podemos prescindir ya de las ventajas que nos proporciona esta gran herramienta fascinante? ¿ Nos libera internet de todos los amos a cambio de convertirse en el único amo?

 

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