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23 / 10 / 2013

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  La economía tiene un margen de error tan amplio que denominarla ciencia debe de haber sido la ocurrencia de un chalado de aupa. No hace falta ser un experto en la materia, creo yo, para darse cuenta de que el campo de las relaciones económicas es tan vasto y tan poblado, tan sutil, que nadie puede saber nunca con exactitud los efectos de la decisión que toma. Un economista que asegura resultados es tan parecido a un charlatán de feria como un huevo a otro huevo.

  Todo lo que hacen nuestros gerentes económicos es apostar -apostar con los sueldos,  los ahorros, las pensiones de los ciudadanos…- en el Gran Casino del Mundo. Que salga blanca o negra depende algo, sin duda, de su astucia y su inteligencia, pero sobre todo del capricho de una bolita que se desliza por una ruleta descomunal.

  Para Eurípides, Ananke, la diosa Fortuna de nuestros clásicos, es la única diosa que no tiene altares ni imágenes a los que acudir, y es sorda a los sacrificios.

 

 

 

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