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Blog de Jose Mateos

8 / 10 / 2013

  Empecé a escribir en internet para engañar la soledad, la soledad de quien escribe para nadie, de quien publica para casi nadie y de quien es nadie en el gran mundo de los grandes nadies.

  Dejo aquí una reflexión, unas impresiones, una recomendación y las hago volar al presionar un botón. No sé cómo, llegan a vuestras pantallas y sé que ahí, al otro lado de aquí, medio escondidas en el barullo de otras soledades, de otros mensajes, dicen inevitablemente la mitad de lo que dicen, se difuminan, se vacían, parpadean un momento y se apagan sin dejar rastro dentro de nadie. Creo que si lo que escribo aquí, lo hiciera por otros medios -en una carta, en un libro por ejemplo- se leería con otra disposición, con más reposo y cautela. Internet es otra cosa.  A costa de llegar a muchos, a cientos en apenas un segundo, nos escamotea la vibración, el eco, la eternidad de lo que se escribe. Que empeño más tonto: escribir con la intención de durar en el reino de lo que no dura.

 

6 / 10 / 2013

  De lo que me sorprendo con frecuencia es de no tener 9 años. ¿Cómo pudo ocurrir esta transformación? ¿Cuándo? Si hace un rato íbamos en ese "seita", de vuelta a Jerez, después de un verano de ingenuos enamoramientos, de asombros y aventuras. Ya en casa, recuerdo que cuando llegó la noche y el silencio, al acostarme, en la oscuridad del dormitorio, me asustó un pensamiento nuevo que no cabía en mí, que me sobrepasaba. Era, por primera vez, la idea del tiempo infinito deslizándose por mi interior, dentro de todo, como un exceso de realidad inaccesible, asfixiante, vertiginosa. ¿Qué era yo, qué era mi consciencia de ser yo, en medio de ese infinito? Mareado de no comprender, con el corazón golpeándome en las sienes, caí, de pronto, en un remolino de días, de semanas, de meses, hasta salir aquí, al otro lado de mi vida, con 50 años, estropeado y culpable, llevando enterrado a todas partes al niño que fui.

 

3 / 10 / 2013

 Me encanta el cine americano con todas sus maravillosas mentiras. Pero creo que cuando el cine ha dado lo mejor de sí mismo, cuando ha conseguido casi desembarazarse de todas esas servidumbres técnicas y empresariales que el cine como arte arrastra desde su nacimiento, ha sido siempre al margen, o más bien en contra, de esa manera de entender el cine, de filmar películas: con Dreyer, con Bresson, con Bergman…

 "El caballo de Turín" de Bela Tarr no es una película fácil ni para cualquier momento, pero su visión resulta inolvidable. El título hace referencia al caballo apaleado ante el que Nietzsche  lloró. ¿Será así nuestro futuro? Una pequeña llama en medio de la desolación.

 

1 / 10 / 2013

   Normalmente quien escribe diarios, memorias, autobiografías (todo eso que ahora llaman literatura del yo) lo que hace es lo que hacemos todos contantemente: seleccionar una imagen favorable de uno mismo y, después, exponerla a los demás para que la credulidad de los demás acabe de convencernos de que ese personaje, bien acabado y bien chulo, es uno mismo.

  En la mayoría de los casos, los diarios, las memorias, las autobiografías que leo me parecen sólo escaparates donde una vida, que es siempre recato, asombro y misterio, se desvanece en pura futilidad. Hay excepciones. Una de ellas es, sin duda, ese libro insólito que pasó -como tantos- sin pena ni gloria y que salió a la luz hace ahora 15 años: EN NOMBRE DE NADA de César Simón (Valencia, 1932-1997) que lo escribió al filo de la muerte, y que parece escrito casi del otro lado.

 

29 / 9 / 2013

   Mientras la información comunica un hecho, la literatura-a la gran literatura me refiero-, lo encarna, trata de que el lector experimente ese hecho, lo viva por dentro. Por eso, el mejor periodista, al informarnos desde fuera, con objetividad, en medio del marasmo de otras decenas de noticias, sólo consigue ampliar nuestra indiferencia.

   La misma indiferencia que nos permite pasar de un producto a otro en un supermercado, es la que nos permite pasar de un crimen a otro, de una abuso a otro en el telediario de las tres, mientras almorzamos, sintiéndonos soberanos espectadores de una mercancía. 

  La imaginación de Melville o de Dostoyevski, sin embargo, aplicada a una sola noticia a veces arrinconada en la páginas de un viejo periódico, hizo más por la justicia, por el mejoramiento del hombre, captó mejor la realidad, que todos los periódicos juntos.  

   ¿No era Unamuno -¿o era el bruto de Bloy?- el que decía que para saber qué pasaba en la actualidad, él leía a san Pablo?

 

26 / 9 / 2013

        El poeta como sismógrafo, como ser sensible que lee en la naturaleza o en los movimientos históricos ciertos signos que le permiten entrever hacia dónde va el mundo, es una idea tan antigua, probablemente, como la misma poesía. 

      Dejo aquí a tres profetas de ayer mismo que, según la condición y el pelaje de cada lector, unos considerarán muy certeros y otros unos exagerados. Eso es lo que tienen las profecías: que se hacen con humo y florecen en la ambigüedad.

     

     ¿Qué son los peligros de la selva al lado de los choques y conflictos cotidianos de la civilización? La mecánica habrá americanizado de tal forma nuestra parte espiritual que ninguna de las ensoñaciones sanguinarias, sacrílegas o antinaturales de los utopistas podrá compararse con sus resultados positivos.

C. Baudalaire

     

     Poco a poco la nada ocupará más sitio. A la ceguera hacia el misterio  la llamarán "clarividencia técnica". La música será solo el ruido de fondo que tape el insoportable vacío. La importancia de un libro se medirá únicamente por el silencio que lo rodea.

F. M. Dostoyevski

 

     Nos hemos vuelto pobres. Hemos ido perdiendo uno tras otro pedazos de la herencia de la humanidad; a menudo hemos tenido que empeñarlos a cambio de la calderilla de lo ‘actual’ por la centésima parte de su valor. A la puerta de nuestro tiempo nos espera la crisis económica y, tras ella, una sombra, la próxima guerra.

W. Benjamín

 

24 / 9 / 2013

   La poesía es, entre otras cosas, el testimonio de lo que no pasa en vano y, por eso, quizás todo el arte de un poeta consista esencialmente en saber permanecer en el corazón de sus lectores.

      Hace ahora cuatro años que murió José Antonio Muñoz Rojas, un poeta que supo permanecer en el mío. 

     José Antonio Muñoz Rojas fue un hombre rico por su familia y, a pesar de eso, fue sencillo, modesto y de mano abierta. Escribió un poco de poesía que parece escribirse a sí misma, una poesía que nace del silencio, que cuando el silencio no puede más y revienta, sale de manera natural, sin nada de ese énfasis que ponen en las cosas quienes menos sienten las cosas.

     A mí me parece un gran poeta que no lo parece. En Pre-Textos está su obra poética completa de donde reproduzco este poema de su primer libro de 1929 que acabo de leerme:

 

Papeles viejos

de mis estantes,

decidme vuestros secretos.

 

Los ha escrito

con su tinte amarillento

y su pluma de ave vieja,

el tiempo.

 

Maestros,

decidme vuestro saber

-oro viejo.

 

Papeles de mis estantes,

los estantes de la casa

de mi pueblo,

decidme lo que en vosotros

escribió el tiempo.

 

Nada nuevo

dicen los papeles nuevos.

 

12 / 09 / 2013

  El 90% -o más- de las opiniones políticas que empobrecen -porque apenas rozan- la realidad provienen de un movimiento involuntario, rapidísimo, casi impercebtible, de nuestra mente. Éste se podría sintetizar en una frase: "Estos son los míos y yo debo pensar como los míos, y a ser posible con las mismas palabras, los mismos mitos y los mismos topicazos que los míos, por que si no...

  ¡Quién es capaz -por mucho que quede bien como frase publicitaria- de vivir en tierra de nadie? Una que me parece que lo hizo casi siempre fue Hannah Arendt, sobre la que han hecho una película -excelente- que todavía se puede ver en nuestras carteleras.

 

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