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ENTREVISTA PARA DIARIO DE CÁDIZ

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ENTREVISTA por Ángel Mendoza (2006)

 

   -Llevas más de veinte años publicando y escribiendo ¿qué ha significado para ti ver juntos todos esos años en un libro, en “ Reunión”?.

 

   -Como tú sabes, el camino de la poesía es un camino lleno de dudas y de inseguridades. Para recorrerlo se necesita una gran capacidad de resistencia al desaliento. Por eso, reunir en un volumen 20 años de poesía es siempre una satisfacción, una victoria. En mi caso, esa satisfacción es doble porque la editorial que se ha encargado de publicar el libro, La Veleta, es para mí una editorial modélica, de un gusto exquisito, con un catálogo escogidísimo. Ahí también han reunido sus poemas algunos de lo poetas contemporáneos que más admiro, pienso en Ramón Gaya, en Joan Margarit o en Miguel d´Ors, por ejemplo. Se nota la mano de su director, Andrés Trapiello, una figura clave en la literatura actual y que tiene unos gustos que me gustan.

 

  -¿Y además de satisfacción?

 

  -Bueno, te confieso que ver ese libro editado también me ha producido cierta  perplejidad. Me extraña ser el autor de esos poemas y, aunque mi nombre aparece en la portada, no me lo creo del todo. Yo me veo a mí mismo,  todavía, como un niño perdido y abandonado en medio de la gente. Hace poco llevaba pantalones cortos y correteaba por el patio del colegio La Salle y, de pronto, me entero de que han pasado muchos años y de que soy escritor. Qué raro. Con lo burro que yo soy. ¿No se habrán equivocado?


  -¿Hasta qué punto sigue siendo la poesía para ti ese intento por alcanzar "aquello que nunca consiguen alcanzar las palabras", como dijiste una vez?

 

  -Yo creo que la poesía nace cuando alguien vive ciertos instantes que son de tal intensidad que le dejan a uno sin palabras y, al mismo tiempo, le incitan a uno a buscar otras palabras, unas palabras distintas que no rompan el silencio, que sean las aliadas del silencio. A diferencia de la prosa, que son palabras que buscan relatar y comunicar ideas, la poesía se escribe con palabras que quieren desaparecer, que quieren dejar de ser palabras. Y que no pueden. Y en ese no poder reside todo su poder. No sé si me explico. Sin embargo, el que ha sentido  alguna vez el impulso de escribir un poema sabrá a lo que me refiero.


  -La editorial Pre-Textos anuncia la publicación inminente de un libro tuyo de pensamiento.  ¿Qué necesidad hay de ese tipo de textos si ya están los poemas?

 

  -El pensamiento poético no tiene nada que ver con el pensamiento filosófico y confundirlos es el error de mucha poesía enfática y coñazo que se escribe hoy. A mí me ha obsesionado siempre la existencia del mal, de la injusticia, lo inevitable de la muerte, las preguntas sobre Dios... De esos asuntos se ocupan mis poemas desde una perspectiva “poética”, tanteando y cantando, y mis libros de ensayos desde una perspectiva “filosófica”, tanteando y razonando.

 

  -¿Cómo se titulará ese libro y qué supone en tu trayectoria?

  Se titulará “La Razón y otras dudas”  y es, de alguna manera, una continuación de otro libro mío “Soliloquios y divinanzas”. Aunque con notables diferencias. En este nuevo libro hay personajes a los que les ocurren cosas, personajes que dialogan y discuten entre ellos, hay humor y hay reflexión. Es un libro raro que tiene algo de novela, de diario, de libro filosófico.

 

  -¿Qué piensas del lugar que ocupa la poesía hoy en un mundo como éste?

 

  -El capitalismo feroz y la ley del mercado han mandado a la poesía -y a la buena literatura- a las catacumbas. Solo algunas librerías y algunas editoriales resisten la avalancha de basura con que las multinacionales de la edición nos inundan. Pero no hay que olvidar que en tiempos de decadencia y miseria, la salvación ha salido siempre de las catacumbas, de los que resisten ocultos bajo tierra.

 

  -En el mundo tecnológico en que vivimos ¿todavía puede a poesía cumplir alguna función social?

 

   -Es posible que, como dicen algunos, la poesía no tenga fuerza  para cambiar el mundo, pero sigue siendo capaz de cambiar a una persona por dentro, y eso –creo yo- es suficiente. Por otra parte, hay que recordar que a la poesía, desde la antigüedad, se le ha reconocido el don de la profecía.  Las grandes catástrofes siempre han estado precedidas por el canto de los poetas que las sufrían interiormente, anticipándose a ellas. Hoy, los mejores poetas actuales están emitiendo suficiente señales alarmantes. Creo que si se les escuchara mejor, podríamos evitar algunos descalabros.       

 

   Estás cada vez más implicado en algunas instituciones culturales. ¿Qué piensas de la labor que realizan las instituciones en general?

 

  En las instituciones culturales echo en falta un interés verdadero por la cultura. Hay demasiada rutina. Hay pocas ideas y, cuando las hay, naufragan por desidia, por rencillas políticas, por falta de presupuesto. Una buena labor cultural requiere, además, constancia y años para que dé sus frutos. Y como el objetivo del político generalmente es lo inmediato, lo que da votos, la cultura pasa a ser algo secundario. Pero creo que es una equivocación. Un régimen democrático cuando se desarrolla en una sociedad de ignorantes deja pronto de ser democrático.

 

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