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Relatos

Historias de un Dios menguante

LA VOZ DE LA SANGRE

Estábamos camino de Tuzla, por una carretera de esas con pivotes a los lados, tan estrecha y sinuosa que, a veces tras una curva, la imprevista llegada de un camión casi nos mandaba a la cuneta. La carretera tenía varios tramos sin asfaltar y bajo el coche rebotaban las piedras. Papá protestaba mientras conducía con la cara pegada al cristal delantero, tratando de sortear los baches del camino.

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