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Otras Canciones


Autor: 
José Mateos
Género: 
Poesía
Editorial: 
Pre-Textos
2016
ISBN: 
978-84-16906-07-9

Un poema es siempre inevitable porque uno siente que lo que necesita decir no puede ser dicho de otra manera. Por esa razón, mientras escribía los apuntes que formaron Un año en la otra vida, a veces me salían al paso en forma de poemas otros apuntes y emociones que finalmente decidí no incluir en aquel volumen, no sé bien porqué. Probablemente por entender que su naturaleza los empujaba a ser otra cosa; probablemente porque, a mi parecer, requerían ser atendidos y leídos de otro modo.

Lo cierto es que el lector de estos poemas se encontrará con no pocas anécdotas que aparecían en aquel libro, del que éste, de alguna forma, es un apéndice: aquellos membrillos, aquella visita al Museo del Prado, aquella buena amiga que falleció por entonces y que aún me solicita desde su ausencia...

Precisamente uno de los asuntos en el que se insistía en aquel libro y que, por tanto, se insiste de nuevo en éste, es que el sufrimiento, las pérdidas, las decepciones están ahí. Son inevitables. Que nos destrozan, a veces, con sus manotazos imprevistos. Pero también se insistía allí -y se insiste ahora aquí- en algo que la modernidad -con sus morbosidades y exabruptos- parece haber olvidado: que todas estas decepciones y pérdidas están ahí, precisamente, por una razón de amor, están ahí porque amar significa estar dispuesto a sufrir y que las amamos porque no sabemos ser ingratos con las cosas bellas.

Me acuerdo de Etty Hillesun, la muchacha judía que fue escribiendo en un diario sus últimos días en un campo de concentración nazi. Cuando se acostaba en su litera, después de pasar por todo lo peor por lo que un ser humano puede pasar -jornadas de hambre y frío, de vejaciones, trabajos y castigos físicos- daba gracias por todo y lloraba de alegría mirando el cielo estrellado sobre los barracones de Westwrbork. ¿Qué pueden significar esas lágrimas de gratitud en el fondo del infierno? ¿Qué es eso que es más fuerte que toda la maquinaria de la crueldad humana que hacía derramar a esa muchacha condenada a muerte lágrimas de alegría? Lo podríamos denominar, quizás, la belleza. Pero también le podríamos dar otros nombres: alma, amor, Dios. Aunque, en realidad, no tenemos palabra para eso, porque todas las palabras son equívocas y están manchadas.

Hay grandes figuras de nuestra cultura, grandes escritores que creen en las palabras, en los nombres, en el lenguaje, que parecen no darse cuenta de que los nombres son mentira, y se enamoran de sus opiniones -porque con el lenguaje solo se pueden dar opiniones- y creen que esas opiniones son la verdad, cualquier verdad. Son grandes escritores que hacen literatura y que nunca salen de ella. Hay otros, sin embargo, más modestos, con menos talento quizás, con menos recursos, para los que el lenguaje nunca es suficiente, que sienten que lo que tienen dentro, lo que tienen que decir, nunca podrá se dicho con palabras, y van dando palos de ciego en los muros del idioma y abriendo a veces agujeritos por donde entra un hilo de claridad, un filillo de una luz que no parece de este mundo. Y es que, si nos fijamos bien, la luz que entra por una pequeña ranura suele entrar siempre con más intensidad, con más vivacidad, que por los grandes ventanales.

Estas canciones son muy poca cosa. A veces rozan un paisaje, un objeto, y se van. A veces, logran posarse, pero con la prudencia y la timidez del polvo. Posiblemente más de un lector las encontrará algo faltas de condimentos, casi insustanciales. Es natural: con ellas quise soñar con la posibilidad de escribir unos poemas tan sencillos, tan desnudos, que parecieran invisibles.

José Mateos.

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